¿El Dólar a S/.3???
Por Pedro Pablo Kuczynski,
De Diario Correo
Antes de entrar en materia, aclaremos un tema de semántica. En el Perú, cuando hablamos del tipo de cambio, decimos que el dólar “baja” o “sube”. En las últimas semanas, el dólar ha “bajado” fuertemente en relación al sol y sobre todo en relación al euro; pero en realidad, dado que lo que pasa en el Perú tiene muy poca influencia sobre los movimientos internacionales del dólar, deberíamos estar hablando de lo que le pasa al sol. Así, en las últimas semanas el sol ha “subido”. Como lo que nos interesa es la competitividad de nuestra economía, deberíamos hablar de que el sol se “revalúa” (que es lo que pasa ahora) o se “devalúa” (lo que ha pasado a lo largo de nuestra historia pasada).
Entremos ahora en materia. Los fundamentalistas y los talibanes monetaristas me van a criticar, pero pienso que la tendencia a la fuerte revaluación del sol de las últimas semanas es peligrosa. Un tipo de cambio de S/.3 por dólar es potencialmente catastrófico para nuestra competitividad internacional. Es cierto que hay beneficios en tener un tipo de cambio demasiado fuerte (como sería un cambio de S/.3), siendo el principal la caída de los precios en soles de las importaciones, y así de la inflación. Otro beneficio es que la preferencia por soles en la economía aumenta y las tasas de interés bajan.
Pero los costos de un tipo de cambio demasiado fuerte son potencialmente mucho mayores que los beneficios:
i) El sol ha subido por una serie de razones pasajeras que no durarán y sin duda se revertirán: entre ellas está la baja de las tasas de interés por parte del banco central de Estados Unidos (para paliar la crisis en los mercados hipotecarios y financieros en ese país) mientras que en el Perú el banco central alza las tasas de interés por temor a la inflación. Ese diferencial de tasas de interés atrae capitales “golondrina” de corto plazo, motivados en parte por la expectativa que el Perú en los próximos meses llegue al llamado “grado de inversión”. Logrado ese objetivo, los capitales golondrina habrán ganado su dinero y se retirarán y el sol se devaluará. Esta variabilidad cambiaria, revaluación un día y devaluación otro día, es mala para la inversión: si el TLC me motiva a poner una fábrica de exportación de camisas, ¿haré la inversión si no sé cuánto voy a recibir en soles por mis exportaciones de camisas? Los países del Asia hace años entendieron los costos para sus industrias y sus exportaciones de tener tipos de cambio impredecibles.
ii) Hay algunos ilustrados quienes dicen que el tipo de cambio no afecta la competitividad. Esa afirmación no tiene sentido. Si las camisas que exporté ayer me daban S/.1,000 y hoy me dan S/.850, ¿de dónde saco los S/.150 que recibía antes? Si fabrico zapatos en Trujillo para el mercado nacional y vendo el par en S/.30 mientras que los zapatos de la China entran al mismo precio, puedo mantener mi mercado con mejor diseño, etc., pero si el zapato importado entra a S/.24, ya no soy competitivo. Cierto, a largo plazo puedo mejorar mi competitividad con mejores máquinas y trabajadores mejor educados y más productivos pero, como dijo John Maynard Keynes, en el largo plazo estamos todos muertos. Un prolongado tipo de cambio de S/.3 va a poner nuestra economía en el mortuario, en posición horizontal y fúnebre.
iii) La experiencia en América Latina de jugar con el tipo de cambio para reducir la inflación ha sido funesta: recordemos los casos de México en 1994/95, Brasil en 1999, y la Argentina con el cambio fijo denominado “convertibilidad” que culminó en una devaluación desordenada en 2002.
¿Qué debemos hacer? En el Perú las presiones inflacionarias provienen de una excesiva aceleración del gasto público y de la inflación de costos importados (combustibles, maíz y trigo). No podemos hacer mucho respecto de los costos importados, pero sí debemos apoyar una política de gastos fiscales que sea conservadora, máxime que los municipios y regiones tienen depositados en los bancos más de S/.7 mil millones para pequeñas obras que no se están haciendo a un ritmo satisfactorio.
El Banco Central de Reserva debe concentrarse en combatir la llamada inflación subyacente, que refleja los desbalances internos entre la oferta y demanda de servicios y mercaderías –excluyendo los costos importados de los alimentos y combustibles–; simplemente seguir aumentando la tasa de descuento del instituto emisor para combatir la inflación importada no tiene efecto alguno –es como jalar un camión averiado con una pita– mientras que promueve más desequilibrios al incentivar aún más la entrada de dólares golondrinos.
En segundo lugar, el banco central debe comprar hasta el último dólar sobrante. Sólo desenmascarando a los especuladores es que se les va a ganar el partido. Cualquier señal de debilidad enardece a la especulación. Los soles que se emitan se congelan con emisiones de bonos del banco central. Es la única manera de evitar la sobrevaluación nociva de nuestra moneda.
Debemos dejar de lado las teorías; miremos lo que pasa en los países económicamente exitosos de Asia, y olvidémonos de fundamentalismos que sólo son realidad en los libros.


