¿Estamos en un mundo mejor?

Por Diego García-Sayán, Ex canciller de la República para El Comercio

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Que la economía ‘crece’, sin dejar de ser cierto, se ha convertido en un recurrente lugar común. Es también un dato aceptado que el crecimiento de la economía peruana está íntimamente conectado al ciclo de expansión de la economía mundial. Pese a los zamacones financieros recientes, no es un hecho de poca monta que el comercio internacional creció 9% en el 2007. Vale la pena recordar cuatro datos importantes.

Primero, que el crecimiento de las economías nacionales no es algo particular del Perú sino que es un hecho extendido en el mundo. El sudeste asiático ha crecido entre 8% y 10% el año pasado; Europa Oriental en más del 7% y la siempre desmerecida África en más del 6%. Como lo ha resaltado recientemente la revista “The Economist”, hoy la mitad de la población mundial vive en economías que crecen a más del 7%.

Segundo, que este ciclo viene acompañado por un contexto mundial de menos muertes por guerras y genocidios, pese a Darfur y otras tragedias. Si bien el fin de la guerra fría trajo consigo una nueva serie de conflictos –particularmente en Europa oriental– el hecho es que el número de conflictos que era de 50 al inicio de la década de los noventa, hoy es de alrededor de 30. En teoría, este contexto menos letal daría un marco más adecuado para la previsibilidad de las variables económicas fundamentales.

Tercero, que el crecimiento de la economía global está hoy asentado básicamente en economías de los mercados emergentes. Cierto que la India y la China son las dos grandes fuerzas en este terreno, pero es un dato globalmente relevante ya que pone de manifiesto una diversificación en el empuje expansivo que hace que este ya no dependa casi íntegramente de lo que ocurra en unos pocos países industrializados.

Cuarto, que esta expansión global ha derivado, en muchas zonas del mundo, en un crecimiento de los niveles de ingresos de los sectores más pobres. “The Economist” destaca que si en 1990 las personas que vivían con un dólar al día equivalían al 25% de la población de los países subdesarrollados, al ritmo actual para el año 2015 esta proporción podría haberse reducido al 10%.

Hasta aquí lo que podríamos llamar ‘positivo’ y que alienta el optimismo. En paralelo un dato contundente y alarmante es que mientras la economía global crece, ha aumentado la desigualdad en el mundo. Si bien entre 1950 y 1990 el crecimiento de la economía mundial fue acompañado por una reducción de las desigualdades, el proceso actual va en una dirección diferente pues estas han aumentado, particularmente en las economías en desarrollo. Son, por cierto, muchísimos los factores que han generado este resultado. Uno de ellos es el de la educación. En economías en expansión y en las que, como consecuencia, el papel de la tecnología y de la interconexión con el mundo es cada vez mayor (con el requerimiento del inglés, por ejemplo), las poblaciones con menos acceso a una educación de calidad son el primer sector víctima de la creciente desigualdad. Contrario sensu, una educación masiva de calidad es una de las respuestas más contundentes y urgentes.

Ahora que se aborda en el país el tema de la calidad de la educación sería una excelente oportunidad para enterarnos de cuáles son las metas específicas y graduales en materia de calidad de la educación primaria y secundaria. Y, como consecuencia de ello, cómo la educación contribuirá –o no– a reducir la desigualdad y hacer más competitivos a millones de peruanas y peruanos.

Y es que salvo ciertas iniciativas aisladas, no se percibe una estrategia educativa integral que afronte la brecha cada vez mayor entre los que se benefician con este crecimiento sostenido de la economía y quienes lo ven pasar por delante de sus narices. Por ello, se necesita ya una educación de calidad, para que el ‘mundo mejor’ no sea el sueño de unos y la pesadilla de otros.

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