Algo huele mal en el Altiplano

Por Hugo Guerra para El Comercio

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Buen lector, “Caretas” –seguida por “Panorama”– ha hecho una sólida denuncia sobre el entrenamiento de peruanos en cuarteles militares de Bolivia, con financiamiento venezolano. Sin embargo, el gobierno de La Paz se ha limitado a un insulso desmentido aduciendo una inverosímil “campaña mediática”, cuando corresponde que dé satisfacciones al Perú.

En Lima quizá lo más difundido es el separatismo cruceño como reacción frente al radicalizado gobierno del MAS; pero poco se publica sobre la galopante subordinación de Evo Morales ante Hugo Chávez.

Solo en el primer año Venezuela le dio a Evo unos 300 millones de dólares para compensar las nacionalizaciones petroleras y donaciones para evitar el déficit fiscal. Chávez se ha comprometido, además, a un plan quinquenal de US$21.000 millones en inversiones para el desarrollo energético boliviano.

Desde el 2006 Caracas arma a Bolivia con la construcción de bases militares en puntos volátiles como la frontera con Paraguay, Brasil y Chile, así como en Ixiama, muy cerca del territorio peruano. Envía, asimismo, miles de fusiles al ejército boliviano, bajo la amenaza chavista de estallar otro Vietnam si tratan de derrocar a Morales.

Acaba de crearse el primer Comando Binacional Amazónico en el Beni dirigido por un teniente coronel boliviano y un coronel venezolano y abundan las denuncias sobre ingreso irregular de aviones de las FAV, PDVSA y de Cuba a Bolivia. Irán –nuevo agente destabilizador– instalará unas 23 plantas industriales en Bolivia; ha comprometido cooperación por US$1.100 millones; está donando equipos policíacos y propone instalar una televisora en el Chapare “para emitir su señal a Latinoamérica”.

Morales, entre tanto, es desleal con el Perú: mantiene impune a un asesor suyo del MRTA; ataca arteramente al presidente Alan García; asistirá cínicamente a la cumbre de ALC-UE y la anticumbre subversiva en mayo, en Lima; aparentemente conocía y calló ante el proyecto chileno de establecer el límite de la nueva región Arica-Parinacota transgresora del Tratado de 1929; se ha reunido con Michelle Bachelet unas 10 veces y existen indicios de que en el numeral 6 de una agenda de 13 puntos reservados en la nueva relación “de transparencia” boliviano-chilena, se busca una fórmula conjunta sobre un corredor hacia el Pacífico que terminaría comprometiendo territorios que fueron peruanos.

Hay, asimismo, signos alarmantes de apoyo a Chile en el diferendo marítimo llevado a La Haya. Y desde el “abrazo de Charaña” entre Banzer y Pinochet en el intervalo 1975-1978 hoy la cercanía Santiago-La Paz es, junto con la intromisión revolucionaria chavista, lo más preocupante con un vecino históricamente inconfiable. Las cortesías diplomáticas, los honores militares mutuos y la integración en pasos fronterizos entre chilenos y bolivianos nunca fueron tan llamativos.

Morales y Chávez son fuente desestabilizadora para el futuro peruano. Por tanto nuestro gobierno, con discreción y sagacidad debe pararlos ya. Entre estados no existe amistad incondicional; existen intereses y estamos obligados a cautelar enérgicamente los nuestros.

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