Bolivia, el dilema latinoamericano
Por Marta Bekerman para El Clarín
América latina presenta el triste privilegio de ser una de las áreas más desiguales del mundo. Lejos de reducirse, los niveles de desigualdad han aumentado en casi todos los países de la región durante los años 90. Asimismo se presentan hoy situaciones de desnutrición infantil dentro de países que son fuertes productores de alimentos.
Es que, como fuera tan claramente señalado por Amartya Sen, premio Nobel de Economía, la pobreza no se relaciona esencialmente con la cantidad de recursos disponibles por una sociedad sino con la distribución de los mismos, es decir con las relaciones sociales que la van configurando. Para Sen, el desarrollo económico implica la expansión de las libertades reales que disfrutan las personas, lo que plantea la necesidad de eliminar las principales fuentes de privación de libertad como son la pobreza, la falta de servicios públicos y de libertades políticas.
Por eso, este economista hindú centra su atención en los fines sociales que deben perseguir los programas económicos y en que los instrumentos utilizados en dichos programas se adapten a la consecución de esos fines. En otras palabras, plantea que todo programa económico debe tener objetivos que deben ser definidos por la sociedad a través de su participación democrática.
Si los objetivos así definidos implican la reducción de la pobreza y del desempleo, el plan económico debe utilizar instrumentos que hagan eje en el cumplimiento de esos objetivos y no, como sucedió en nuestros países en el pasado, que ignoren la necesidad de las mayorías.
Aún en el propio seno de algunas instituciones multilaterales está siendo incorporado un nuevo consenso: el aumento de la desigualdad y de la pobreza se están convirtiendo en un obstáculo fundamental para el crecimiento económico y para el desarrollo de instituciones democráticas fuertes.
Economistas como Dani Rodrik plantean que, frente a la existencia de estrategias alternativas, es fundamental privilegiar aquellas que generen una mejor distribución del ingreso, aún a costa de obtener un crecimiento menor en el corto plazo.
Es que esto es lo que permitirá asegurar una mayor representación de los ciudadanos en las instituciones de la sociedad y, por lo tanto consolidar la calidad de las mismas. Una de las razones principales de los altos grados de pobreza que presentan los países de la región se relaciona con los altos niveles de concentración del ingreso en los deciles más altos de la población.
Esa concentración es mucho más alta que la que se presenta en los países desarrollados. La evolución que muestra la región desde los años 60 contrasta con la de países del sudeste asiático como Corea y Taiwán. Estos últimos mostraron altos niveles de crecimiento y de reducción de la desigualdad gracias a fuertes inversiones en educación y al desarrollo de procesos productivos que generaron una fuerte demanda de trabajo calificado.
La actitud de las élites de América latina, por el contrario , fue la de disociar su bienestar del de los sectores más pobres de la población. Esto se ve claramente hoy en el caso de Bolivia. Dentro de las diferencias políticas planteadas por los departamentos orientales sobresale el fuerte reclamo de derogar un impuesto del 30% cargado sobre los Hidrocarburos.
Lo recaudado es destinado por el gobierno a pagar jubilaciones para la tercera edad (denominado la "Renta Dignidad"). Es una medida que parece tener el respaldo popular como pudo observarse en el plesbicito convocado recientemente por Evo Morales.
Frente a esa realidad cabe destacar la posición asumida por los países que componen la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR), que es un bloque integrado por la Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Paraguay, Surinam, Uruguay y Venezuela. Es una clara demostración de estos países que no pueden quedar indiferentes ante situaciones como los que amenazan a Bolivia hoy y que pueden tener fuertes impactos sobre la región. Es que los problemas que enfrenta Bolivia afectan en mayor o menor medida a todos los países de América latina.
El urgente desafío, tanto para Bolivia como para el resto de nuestros países, es el de poder alcanzar acuerdos sociales entre los distintos actores e intereses que permitan dar respuestas efectivas y rápidas a la situación de un amplio sector de la población que hoy se limita, apenas, a satisfacer necesidades imprescindibles para sobrevivir.
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2008/09/24/opinion/o-01766554.htm


